Trastorno del Sueño

¿Qué características tiene el trastorno de pesadillas?

Las pesadillas son típicamente prolongadas, elaboradas, con secuencias de imaginería onírica en forma de historias que parecen reales y provocan ansiedad, miedo u otras emociones disfóricas. El contenido de las pesadillas se enfoca típicamente hacia el intento de evitar o afrontar algún peligro inminente, pero puede implicar temas que evoquen otras emociones negativas. Las pesadillas que suceden tras las experiencias traumáticas pueden replicar la situación amenazante (“pesadillas de réplica”), pero la mayoría no lo hace. Al despertarse, las pesadillas se recuerdan bien y se pueden describir con detalle. Aparecen casi exclusivamente durante el sueño REM y, por tanto, pueden ocurrir a lo largo del sueño, aunque son más probables en la segunda mitad del periodo principal del sueño cuando la ensoñación es más larga y más intensa. Los factores que aumentan la intensidad del sueño REM, al principio del sueño, como el sueño fragmentado o la privación de sueño, el jet lago y los medicamentos que afectan el sueño ROM, podrían facilitar las pesadillas en fases más tempranas del sueño, incluido el comienzo. Las pesadillas suelen terminar al despertarse y al regresar rápidamente al estado de completa alerta. Sin embargo, las emociones disfóricas pueden persistir durante la vigilia y contribuir a presentar dificultad para volverse a dormir y malestar duradero durante el día. Es posible que algunas pesadillas, las llamadas “malos sueños”, no hagan que la persona se despierte y solo se recuerden más tarde. Si las pesadillas aparecen al inicio del sueño REM (hipnagógicas), la disforia se acompaña con frecuencia de un sentimiento de estar a la vez despierto y con incapacidad para moverse voluntariamente (parálisis del sueño aislada). Las pesadillas se pueden caracterizan por una activación automática ligera, con sudoración, taquicardia y taquipnea. Los movimientos corporales y las vocalizaciones no son características porque en el sueño REM hay pérdida del tono musculoesquelético, pero esas conductas podrían ocurrir en situaciones de estrés emocional o de sueño fragmentado y en el trastorno de estrés postraumático (TEPT). A veces hay un episodio breve al final de la pesadilla en el que el sujeto puede hablar o exteriorizar sus sentimientos. Los sujetos con pesadillas tienen un mayor riesgo de ideación de suicidio e intentos de suicidio, incluso cuando se tienen en cuenta el sexo y la enfermedad mental. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cuál es el rasgo esencial del trastorno de insomnio?

El rasgo esencial del trastorno de insomnio es la insatisfacción con la cantidad o calidad del sueño con quejas sobre la dificultad para conciliar o mantener el sueño. Las molestias del sueño se acompañan de algún malestar clínicamente significativo o de un deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. La alteración del sueño puede ocurrir durante el curso de otro trastorno o afección médica, o puede ocurrir de forma independiente. Pueden aparecer diferentes manifestaciones del insomnio en diferentes momentos del periodo del sueño. El insomnio del comienzo del sueño (o insomnio inicial) consiste en la dificultad para quedarse dormido en el momento de acostarse. El insomnio de mantenimiento del sueño (o insomnio medio) conlleva frecuentes o largos despertares a lo largo de la noche. El insomnio tardío conlleva el despertar temprano con incapacidad para volverse a dormir. La dificultad para mantener el sueño es el síntoma individual del insomnio más frecuente, seguido por la dificultad para quedarse dormido, aunque la combinación de estos síntomas es generalmente la presentación más habitual. El tipo especifico de alteración del sueño suele variar con el tiempo. Los sujetos que se quejan en un determinado momento de dificultad para quedarse dormidos pueden quejarse posteriormente de dificultad para mantener el sueño o viceversa. Los síntomas de dificultad para quedarse dormido y dificultar para mantener el sueño se pueden cuantificar a través del autoinforme retrospectivo del sujeto, de los diarios de sueño o de otros métodos, como la actigrafía o la polisomnografía, aunque el diagnóstico del trastorno de insomnio se basa en la percepción subjetiva de la persona sobre el sueño o en la información de un cuidador. El sueño no reparador, la queja de que el sueño es de mala calidad y no deja al sujeto descansando al levantarse a pesar de una duración suficiente, constituye un síntoma frecuente que suele acompañar a la dificultad para iniciar o mantener el sueño o aparecer en solitario con menor frecuencia. Esta queja también se puede referir en asociación con otros trastornos del sueño. Cuando la queja de un sueño no reparador se presenta en solitario (ej., en ausencia de dificultad para iniciar y/o mantener el sueño), pero, por otra parte, se reúnen todos los criterios diagnósticos respecto a la frecuencia, la duración y el malestar y deterioro diurnos, se realiza el diagnóstico de otro trastorno de insomnio especificado o trastorno de insomnio no especificado. Aparte de los criterios de frecuencia y duración que se requieren para el diagnóstico, son útiles otros criterios adicionales para cuantificar la gravedad del insomnio. Estos criterios cuantitativos, aunque arbitrarios, se proporcionan solo a título ilustrativo. Por ejemplo, la dificultad para adquirir el sueño se define por una latencia subjetiva del sueño superior a 20-30 minutos, y la dificultad para mantener el sueño se define por un periodo de tiempo subjetivo en el que permanece despierto más de 20-30 minutos después de haber conciliado el sueño. Aunque no hay una definición estándar de despertar temprano, este síntoma conlleva despertarse al menos 30 minutos antes del tiempo programado y antes de que el tiempo total del sueño alcanza las seis horas y media. Es esencial tener en cuenta no solo la hora final del despertar, sino también la hora de acostarse la noche anterior. Un despertar a las 4 de la mañana no tiene la misma significación clínica en los que se acuestan a las 9 de la noche que los que se acuestan a las 11 de la noche. Tal síntoma puede reflejar también una disminución de la capacidad de permanecer dormido dependiente de la edad o un desplazamiento del horario del principal periodo de sueño, también dependiente de la edad. El trastorno de insomnio conlleva tanto alteraciones diurnas como dificultades de sueño. Entre ellas se encuentra la fatiga o la somnolencia diurna; lo último es más frecuente entre los sujetos mayores y cuando el insomnio es comórbido con otra afección médica o con un trastorno del sueño. El deterioro cognitivo puede determinar dificultades en la atención, la concentración y la memoria, e incluso para realizar habilidades manuales simples. Las alteraciones afectivas asociadas se describen típicamente como irritabilidad y menos frecuentes como síntomas de depresión o ansiedad. No todos los sujetos con alteraciones del sueño nocturno tienen molestias o deterioro funcional. El diagnóstico de trastorno de insomnio debería reservarse para aquellos sujetos que presentan malestar o deterioro diurno significativo en relación con la dificultad para dormir por la noche. El insomnio se asocia a menudo con una activación fisiológica y cognitiva y con factores de condicionamiento que interfieren con el sueño. La preocupación por el sueño y por el malestar que genera la incapacidad para dormir puede conducir a un círculo vicioso: cuanto más se esfuerza el sujeto por dormir, más frustración aparece y más empeora el sueño. Por tanto, la atención y los esfuerzos excesivos para dormir, que anulan los mecanismos normales para el inicio del sueño, pueden contribuir a la aparición del insomnio. Los sujetos con insomnio persistente pueden además adquirir hábitos de sueño desadaptativos (pasar demasiado tiempo en la cama, seguir un horario de sueño errático, siestas) y cogniciones desadaptativas (miedo a la falta de sueño, aprehensión ante el deterioro diurno, vigilancia del reloj) durante el curso del trastorno. Llevar a cabo tales actividades en un entorno en el que el sujeto ha pasado con frecuencia noches sin dormir puede agravar todavía más el despertar condicionado y perpetuar las dificultades del sueño. En cambio, el sujeto puede quedarse dorado más fácilmente cuando no intenta hacerlo. Algunos sujetos refieren también un sueño mejor cuando están lejos de sus dormitorios y sus rutinas habituales. El insomnio puede acompañarse de una variedad de quejas y síntomas diurnos, como fatiga, disminución de la energía y alteraciones del ánimo. Pueden presentarse síntomas de ansiedad, o de depresión que no cumplan los criterios de un trastorno mental especifico, así como una atención excesiva a los efectos percibidos a causa de la pérdida de sueño en el funcionamiento diurno. Los sujetos con insomnio

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¿Qué es la hipersomnia?

La hipersomnia es un término diagnóstico amplio e incluye síntomas de excesiva cantidad de sueño (ej., sueño nocturno prolongado o sueño diurno involuntario), alteración de la calidad de la vigilia (es decir, propensión al sueño durante la vigilia que se manifiesta por dificultad para despertar o incapacidad para mantenerse despierto cuando se requiere) e inercia del sueño (es decir, un periodo de alteración del rendimiento y de vigilancia reducida tras el despertar de un episodio de sueño habitual o de una siesta)(Criterio A). Los sujetos con este trastorno se duermen rápidamente y tienen una buena eficiencia del sueño (>90%). Pueden tener dificultad para despertarse por la mañana y a veces parecen confundidos, combativos o atáxicos. Esta alteración prolongada de la alerta en la transición sueño-vigilia a veces se denomina inercia del sueño (es decir, borrachera de sueño). También puede ocurrir tras despertarse de una siesta diurna. Durante ese periodo, el sujeto parece despierto, pero hay una disminución de la habilidad motora, la conducta puede ser muy inapropiada y pueden aparecer déficits de memoria, desorientación temporoespacial y sensación de mareo. Este periodo puede durar desde algunos minutos hasta horas. La necesidad persistente de dormir puede llevar a una conducta automática (normalmente de un tipo muy rutinario, de baja complejidad) que el sujeto realiza con poco o ningún recuerdo posterior. Por ejemplo, los sujetos pueden descubrir que han conducido varios kilómetros desde donde pensaban que estaban de manera inconsciente tras realizar una conducción “automática” en los minutos precedentes. Para algunos sujetos con trastorno de hipersomnia, el episodio principal de sueño (para la mayoría de los sujetos, el sueño nocturno) tiene una duración de 9 horas o más. Sin embargo, el sueño es a menudo no reparador y se sigue de dificultad para despertar por la mañana. Para otros sujetos con trastorno de hipersomnia, el episodio principal de sueño es de una duración normal para el sueño nocturno (6-9 horas). En estos casos, la somnolencia excesiva se caracteriza por varias siestas diurnas involuntarias. Estas siestas diurnas tienden a ser relativamente largas (a menudo duran una hora o más), se siente que no son reparadoras (sin descanso) y no conducen a un aumento en la alerta. Los sujetos con hipersomnia se echan siestas diurnas casi cada día a pesar de la duración del sueño nocturno. La calidad subjetiva del sueño se puede referir o no como buena. Los sujetos normalmente sienten una somnolencia que se desarrolla a lo largo de un periodo de tiempo más que como un “ataque” repentino de sueño. Los episodios de sueño involuntario suceden típicamente en situaciones de baja estimulación y baja actividad (ej., durante conferencias, leyendo, al ver la televisión o al tener que conducir largas distancias), pero en los casos más graves pueden manifestarse en situaciones que requieren una gran atención, como en el trabajo, en las reuniones o en los encuentros sociales. Aunque son frecuentes el sueño no reparador, la conducta automática, las dificultades para despertarse por la mañana y la inercia del sueño en el trastorno de hipersomnia, éstos también se pueden ver en una variedad de trastornos, como la narcolepsia. Aproximadamente un 80% de los sujetos con hipersomnia refiere que su sueño no es reparador y los mismos tienen dificultades para despertarse por la mañana. La inercia del sueño, aunque es menos frecuente es muy especifica de la hipersomnia. Las siestas cortas (es decir, de una duración menor de 30 minutos) a menudo no proporcionan descanso de sujetos con hipersomnia con frecuencia parecen dormidos y pueden incluso quedarse dormidos en la sala de espera del médico. Un subconjunto de sujetos con trastorno de hipersomnia tiene antecedentes familiares de hipersomnia y síntomas de disfunción del sistema nervioso autónomo, como son dolores de cabeza recurrentes de tipo vascular, reactividad del sistema vascular periférico o desmayos.   (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)  

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¿Cuál es el síndrome de las piernas inquietas?

El síndrome de las piernas inquietas (SPI) es un trastorno del sueño sensoriomotor y neurológico que se caracteriza por un deseo de mover las piernas o los brazos normalmente asociados a sensaciones incómodas que se describen típicamente como calambres, cosquilleo, hormigueo, quemazón o picor (Criterio A). El diagnóstico del SPI se basa principalmente en el relato del paciente y en la historia. Los síntomas empeoran cuando el paciente está quieto, por lo que se realizan movimientos frecuentes de las piernas para aliviar las sensaciones incómodas. Los síntomas empeoran por la tarde o por la noche y en algunos sujetos sucede solo por la tarde o por la noche. El empeoramiento vespertino aparece de manera independiente de cualquier diferencia en la actividad. Es importante diferenciar el SPI de otros trastornos, como la incomodidad postural y los calambres en las piernas (Criterio D). Los síntomas del SPI pueden retrasar el comienzo del sueño y despertar al sujeto, y se asocian con una fragmentación significativa del sueño. El alivio que se obtiene al mover las piernas puede no ser evidente en los casos más graves. El SPI se asocia con somnolencia diurna y se acompaña con frecuencia de un malestar significativo o de deterioro funcional. Los movimientos periódicos de las piernas durante el sueño (MPPS) pueden servir de signo para corrobra el SPI, y hasta un 90% de los sujetos diagnosticados de SPI presenta MPPS cuando se realizan registros durante varias noches. Los movimientos periódicos de las piernas durante la vigilia apoyan el diagnóstico del SPI. También puede apoyar el diagnóstico del SPI los relatos de dificultad para iniciar y mantener el sueño y la excesiva somnolencia diurna. Otros rasgos son la historia familiar del SPI en los familiares de primer grado y la reducción de los síntomas, al menos inicialmente, con el tratamiento dopaminérgico.   (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cómo se puede detectar que una persona sufre narcolepsia?

Los rasgos esenciales de la somnolencia en la narcolepsia son las siestas diurnas recurrentes a los lapsus de sueño. La somnolencia aparece a diario, pero debe ocurrir como mínimo tres veces por semana durante al menos tres meses (Criterio A). La narcolepsia produce por lo general cataplejía, que se presenta como episodios breves (segundos o minutos) de pérdida súbita y bilateral del tono muscular que se desencadenan por las emociones típicamente por la risa y las bromas. Los músculos que se afectan pueden ser los del cuello, la mandíbula, los brazos, las piernas o todo el cuerpo, dando como resultado la oscilación de la cabeza, la caída de la mandíbula e incluso caídas totales. Durante la cataplejía, los sujetos están despiertos y son conscientes. Para cumplir el Criterio B1 (a), la cataplejía se debe desencadenar por la risa o las bromas y debe aparecer al menos varias veces al mes cuando el trastorno no se trata o existir desde tiempo atrás. La cataplejía no debería confundirse con la “debilidad” que ocurre en el contexto de las actividades deportivas (fisiológicas) o exclusivamente tras desencadenantes emocionales infrecuentes como el estrés o la ansiedad (lo que sugieren una posible psicopatología). Los episodios que duran horas o días y los que no desencadenan por emociones probablemente no son de cataplejía, como tampoco lo son los de rodar por el suelo con risa histérica. En los niños, cuando se acerca el inicio, la cataplejía genuina puede ser atípica y afectar primeramente a la cara, produciendo muecas o descensos de la mandíbula con protusión de la lengua. Por otra parte, la cataplejía se puede presentar también en forma de hipotonía de bajo grado, lo que produce un paso tambaleante. En estos casos, el Criterio B1 (b) se puede cumplir en los niños o los adultos en los 6 meses siguientes después de un inicio rápido. La narcolepsia-cataplejía casi siempre es el resultado de la pérdida de las células productoras de hipocretina hipotalámica (orexina) que causa deficiencia de la hipocretina. La pérdida de células es probablemente de origen auto inmunitario y aproximadamente el 99%% de los sujetos afectados es portador del HLA-DQB1*06:02 antes de hacer una punción lumbar para evaluar la inmunorreactividad de la hipocretina-1 del LCR. Raramente aparecen niveles bajos de hipocretina-1 en el LCR en ausencia de cataplejía, principalmente en jóvenes que podría desarrollar una cataplejía más tarde. La medida de la hipocretina-1 en el LCR representa el gold standard, excepto si existen trastornos graves asociados que puedan interferir con la prueba. También se puede realizar un estudio polisomnográfico del sueño nocturno seguido también de un TLMS para confirmar el diagnóstico (Criterio B3). Estos test se deberían realizar una vez que el individuo ha abandonado todas las medicaciones psicotrópicas y tras dos semanas con suficiente tiempo de sueño (documentado por diarios de sueño o por actigrafía). La corta latencia de los movimientos rápidos de los ojos (REM) durante la polisomnografía es suficiente para confirmar el diagnóstico y para cumplir el Criterio B3. Alternativamente, el resultado del TLMS debe ser positivo y mostrar una latencia media de sueño menor o igual a 8 minutos y dos o más periodos REM al inicio del sueño en 4 o 5 siestas. Cuando la somnolencia es grave, pueden aparecer conductas automáticas y el individuo puede continuar sus actividades de manera semiautomática, como abotargado, sin memoria ni consciencia. Aproximadamente el 20-60% de los sujetos presenta alucinaciones hipnagógicas vividas antes de dormir o al quedarse dormidos o alucinaciones hipnopómpicas justo después de despertarse. Estas alucinaciones son distintas de la actividad mental onírica no alucinatoria y menos vivida que aparece al comienzo del sueño en los durmientes normales. Las pesadillas y los sueños vividos son también frecuentes en la narcolepsia, como el trastorno del comportamiento del sueño REM. Aproximadamente, el 30-60% de los sujetos presenta parálisis del sueño o al quedarse dormidos o al despertarse, que les mantiene despiertos pero incapaces de moverse o de hablar. Sin embargo, muchas personas con sueño normal también refieren parálisis del sueño, especialmente en presencia de estrés o de privación del sueño. Puede haber ingesta nocturna. La obesidad es frecuente. La interrupción del sueño nocturno con frecuentes despertares cortos o largos es habitual y puede ser incapacitante. Los sujetos pueden parecer dormidos o se duermen en la sala de espera o durante el examen médico. Durante la cataplejía, los sujetos se pueden desplomar en la silla y presentar lenguaje mal articulado o párpados caídos. Si el clínico tiene tiempo de comprobar los reflejos durante la cataplejía, éstos están abolidos, un hallazgo importante que distingue la cataplejía genuina del trastorno de conversión. (información extraída de DSM-5 manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales / American Psychiatric Association, 2014)

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¿Cómo dormir cuando tienes insomnio?

La actividad diaria produce un cansancio físico y mental y para recuperar las energías consumidas, es necesario dormir cierto número de horas cada día. Cada persona necesita diferente cantidad de horas de sueño. La mayoría de los adultos duermen algo menos de ocho horas, en tanto que los ancianos necesitan menos horas. Los niños, hasta cumplir el primer año de vida, duermen unas 16 horas de cada 24; a partir de los 18 meses las pautas de sueño del niño varían, y hacia los tres años dejan de dormir después de las comidas y se despiertan más temprano Los sueños Se desconoce con exactitud que origina los sueños, aunque según algunos estudios, si no se deja de soñar a una persona durante varias noches, se muestra irritable, inquieta y no puede concentrarse ni realizar tareas cotidianas; después, cuando se la deja dormir con tranquilidad, sueña más, como si necesitara recuperar los sueños perdidos. La acción de soñar demuestra que la actividad mental continúa mientras se duerme, aunque luego no se tenga la conciencia de haber soñado o no se recuerde lo soñado. Cada periodo de sueño tiene distintas fases, así durante la fase de movimiento rápido de los ojos, REM, llamada también paradójica, las ondas eléctricas cerebrales son más rápidas que en los periodos de sueño denominado ortodoxo. La frecuencia cardiaca, la respiración y la presión arterial experimentan fluctuaciones rápidas durante el sueño paradójico; la mayoría de los  músculos están relajados por completo, los reflejos están ausentes, los varones pueden experimentar erecciones y la sangre fluye con más rapidez en el cerebro y de manera más lenta en los músculos. Durante la fase ortodoxa del sueño las ondas cerebrales son amplias y lentas y aumenta el flujo sanguíneo hacia los músculos, facilitando la recuperación física. Ritmo del sueño El organismo humano regula la alternancia entre el sueño y la vigilia mediante una especie de reloj biológico, que indica la necesidad de un periodo de sueño diario. Resulta difícil modificar el ritmo biológico del sueño, lo que puede comprobarse cuando una persona viaja a zonas del mundo en las que existe una diferencia horaria con respecto a la suya inicial. Cuando una persona duerme, su cerebro puede ser estimulado por sensaciones físicas, como los cambios de temperatura o las sensaciones originadas por los sueños. Los sonidos y la luz son otros factores que influyen en el sueño. Los sonidos monótonos o los rítmicos y continuos como el producido por las ruedas del tren o por la lluvia, o una temperatura templada, inducen a la relajación y al sueño; por el contrario, una iluminación repentina, como el destello de un relámpago, puede interrumpir el descanso de una persona dormida. Con respecto al descanso, debe tenerse en cuenta el consumo de ciertos medicamentos o drogas, ya que algunas sustancias químicas y fármacos, como las anfetaminas, dificultan el sueño, mientras que los somníferos o el alcohol, entre otros, producen somnolencia. Insomnio Los adultos padecen insomnio con frecuencia, que puede manifestarse de diferentes maneras, ya sea como dificultad para conciliar el sueño o en las repetidas interrupciones de éste. El insomnio está causado, en muchos casos, por las preocupaciones, la tensión y la depresión, aunque también pueden causarlo el dolor, un medio ambiente incómodo o desconocido, la necesidad de orinar con frecuencia y numerosas enfermedades y trastornos, como la disnea, el asma o una indigestión. Las consecuencias se padecen durante el día siguiente, ya que la falta de sueño, conlleva la somnolencia, la falta de concentración y la irritabilidad. Existen muchas formas de combatir el insomnio, que consisten en esencia en facilitar la relajación antes de acostarse o en lograr un cansancio físico y las condiciones ambientales adecuadas para conseguir un sueño reparador. Cualquier dificultad para dormir que persista durante más de dos semanas debe ser comunicada y consultada con el médico para procurar identificar y tratar las posibles causas subyacentes. Los somníferos y los tranquilizantes deben ser considerados como un último recurso para resolver el problema, ya que producen adicción, y si no se toman a dosis adecuadas, pueden ejercer un efecto residual que ocasione somnolencia durante la vigilia. Sin embargo, existen situaciones de estrés y de tensión que requieren el uso de estos fármacos. Pero es importante administrarlos durante un corto periodo de tiempo, bajo prescripción médica y sin exceder las dosis adecuadas. Cómo evitar el insomnio Reducir el consumo de té, café y alcohol Evitar cenar tarde y en exceso Beber un vaso de leche caliente antes de acostarse Pasear al aire libre por la noche o al anochecer, el ambiente exterior ayudará al sosiego Realizar ejercicios físicos durante el día, porque el sedentarismo es el peor hábito para inducir al sueño Tomar un baño tonificante poco antes de acostarse No pensar en el trabajo ni en los problemas al ir a dormir Mantener relaciones sexuales satisfactorias Asegurarse de que el dormitorio tenga una temperatura agradable, entre 18 y 20º C Cuando una persona se encuentra inquieta y no puede dormir por la noche, le conviene levantarse y leer, mirar la televisión o realizar cualquier actividad antes de quedarse en la cama El sueño de los niños En general, los niños duermen cuando tienen sueño y durante el tiempo que necesitan. Cuando son pequeños no pueden inhibir el sueño ni despertarse de forma deliberada, ya que para ellos no existe el concepto del día ni de la noche. Cuando un bebé se despierta por la noche es recomendable no acudir de inmediato a su lado ni tomarlo en brazos, ya que en la mayoría de los casos el niño vuelve a dormirse enseguida; sin embargo si el llanto continúa puede ocurrir que el niño esté incómodo o se encuentre mal. El hábito de que el niño duerma en la cama de los padres es muy difícil de abandonar, por lo que es aconsejable evitarlo. Hacia el segundo años de vida es común que los niños sufran pesadillas y se despierten de forma brusca, gritando o llorando. En esos casos es importante

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¿Cuáles son las parasomnias?

Pesadillas Las pesadillas son sueños de contenido terrorífico que ocurren generalmente durante el sueño MOR. Estas ensoñaciones que causan miedo en el sujeto van acompañadas de un incremento de la actividad del sistema nervioso autónomo, aunque menor si éste se compara con el incremento observado en aquellas personas que sufren terrores nocturnos. En el caso de las pesadillas, el despertar que se genera es completo. Además, una vez despierta la persona es capaz de contar con detalle el contenido específico del sueño En relación a la frecuencia y la prevalencia del trastorno, la mayoría de los estudios indican que las pesadillas se producen a cualquier edad, aunque son más comunes en la infancia, especialmente entre los tres y los seis años. En el caso de los niños, la frecuencia por sexo es igual, mientras que en los adultos es más frecuente que en mujeres. Los criterios diagnósticos según el DSM-IV para las pesadillas se recoge de esta manera: Despertares repetidos durante el sueño nocturno o la siesta con un recuerdo detallado de los sueños amenazantes, que suelen estar asociados a peligros de supervivencia, seguridad o autoestima. Estos despertares generalmente ocurren durante la segunda mitad de la noche El sujeto se despierta orientado y en estado de alerta Esta alteración provoca un conflicto clínicamente significativo o un deterioro social, ocupacional o de otras áreas importantes de funcionamiento del sujeto La alteración no está asociada a otro trastorno mental (delirios, estrés postraumático, etc.), ni es un efecto psicofisiológico directo del consumo de sustancias o de un trastorno médico Sintomatología. Uno de los síntomas más característicos del trastorno es la ansiedad, la cual a su vez va acompañada de una reacción motora brusca que puede provocar el despertar en el niño. Una vez despierto, el niño presenta un contacto normal con la realidad y tiene la sensación de haber soñado con una amenaza inmediata; la ansiedad tiende a desaparecer rápidamente. Entre los posibles factores causales, se ha observado que, en situaciones de estrés, así como episodios traumáticos aumentan la frecuencia y la severidad de las pesadillas. Terrores nocturnos Los terrores nocturnos son ensoñaciones terroríficas que suelen producirse en el primer tercio de la noche, en las fases III o IV del sueño. El trastorno se caracteriza por episodios de ansiedad y temor inmenso en los que el niño se despierta de forma brusca habitualmente gritando y llorando. Además, la ansiedad se acompaña de taquicardia, sudoración, dilatación de las pupilas, enrojecimiento de la piel y aumento del tono muscular. Los criterios diagnósticos del DSM-IV para los terrores nocturnos son los siguientes: Despertares bruscos recurrentes durante el sueño, frecuentemente durante el primer tercio de la noche e iniciados con un grito de pánico Miedo intenso y signos de activación autonómica (taquicardia, hiperventilación, etc.) Falta de respuesta a los intentos de los demás para que el sujeto se calme Los episodios provocan un conflicto clínicamente significativo o un deterioro social, ocupacional o de otras áreas importantes de funcionamiento del sujeto El trastorno no es un efecto psicofisiológico directo del consumo de sustancias o de un trastorno médico. Durante un episodio de terror nocturno, el paciente usualmente se sienta en la cama sin responder a estímulos externos. Cuando el sujeto se despierta, generalmente no suele recordar lo ocurrido; en caso de que recuerde algo de su contenido, éste no suele ser muy elaborado (Estivill, 1994). Después de 20 minutos aproximadamente el niño vuelve a dormirse de nuevo. Generalmente, a la mañana siguiente el niño no recuerda el episodio. Los terrores nocturnos son más frecuentes en niños que en adultos. Suele aparecer entre los 4 y los 12 años y desaparecer espontáneamente en la adolescencia. Por lo que respecta a la distribución por sexos, algunos estudios apuntan que el trastorno es más frecuente en mujeres que en hombres. Algunos estudios han planteado que el trastorno podría tener una base hereditaria ya que se ha observado que la mayoría de los sujetos con terrores nocturnos tiene familiares que también sufren de sonambulismo o de terrores nocturnos. Además, el estrés y la fatiga son dos factores que parecen incrementar la aparición de los terrores nocturnos en aquellos niños hereditariamente predispuestos Por otro lado, también se ha observado que la frecuencia de los terrores nocturnos aumenta con el alcohol, la administración de determinados fármacos depresores del sistema nervioso, así como episodios de privación de sueño y de fiebre Sonambulismo El sonambulismo es un trastorno que ocurre generalmente en el primer tercio de la noche, durante las fases III y IV del sueño de ondas lentas. Los criterios diagnósticos del DSM-IV para el sonambulismo son: Episodios repetidos de levantarse de la cama durante el sueño para deambular, normalmente durante el primer tercio del periodo de sueño principal Durante el episodio el sujeto está pálido y con la mirada fija, no responde a los intentos de los demás para interrumpir la deambulación o comunicarse con él y solo puede ser despertado con notable dificultad. A la mañana siguiente, la persona no recuerda nada sobre el episodio Minutos después de despertar del sonambulismo no hay deterioro de la actividad mental o de la conducta (aunque puede haber un corto periodo de confusión o desorientación) Los episodios provocan un conflicto clínicamente significativo o un deterioro social, ocupacional o de otras áreas importantes de funcionamiento del sujeto El trastorno no es un efecto psicofisiológico directo de una sustancia o de un trastorno médico El trastorno es más común en niños que en adultos, no encontrándose diferencias con respecto al sexo. Se estima, que aproximadamente un 15% de los niños tiene un episodio de sonambulismo alguna vez, y el 3% suele presentar episodios frecuentes (Navarro y Espert, 1994). Por lo que respecta a la frecuencia, algunos estudios indican que en torno a un 25% de los niños muestra un episodio de sonambulismo por año, y que un 10% lo sufre al menos una vez a la semana (Buela-Casal y Sierra, 1996b) Sintomatología. Los episodios de sonambulismo suelen durar unos diez minutos durante los cuales el sujeto

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Efectos del trastornos del ritmo circadiano

Dentro de los trastornos del ritmo circadiano se incluyen aquellos trastornos que están causados por una alteración o modificación del ritmo sueño-vigilia. Los criterios diagnósticos del DSM-IV para los trastornos del ritmo circadiano son: Persistente alteración en el patrón de sueño manifestada por somnolencia excesiva o insomnio, como consecuencia de un desajuste entre el horario de sueño y el ritmo circadiano Esa alteración provoca un conflicto clínicamente significativo o un deterioro social, ocupacional o de otras áreas importantes de funcionamiento del sujeto Esta alteración no está asociada ni a un trastorno de sueño ni a un trastorno mental El trastorno no es un efecto psicofisiológico directo del consumo de sustancias o de un trastorno médico JET LAG El síndrome del Jet Lag es un trastorno que aparece normalmente al viajar en avión atravesando diversas zonas horarias. El principal problema asociado a este trastorno es que el sujeto no consigue dormir cuando quiere debido a que el sueño se produce en momentos inapropiados y también se producen momentos de vigilia en periodos no adecuados (Miró y Buela-Casal, 1994). Por ello, los sujetos con este trastorno del sueño presentan quejas de cansancio, somnolencia a horas inapropiadas, alteraciones gastrointestinales, cefaleas, malestar general, dificultades para conciliar el sueño, despertares durante la noche y a primera hora de la mañana, alteraciones del apetito, etc. La severidad y duración de los síntomas del trastorno va a depender de los siguientes factores: Número de horas horarias cruzadas Dirección de vuelo (este u oeste) El horario de salida y de llegada La ritmicidad biológica circadiana Diferencias individuales para adaptarse a los cambios de horario La duración de estos síntomas puede oscilar entre 4 y 5 días. El trastorno afecta a sujetos de cualquier edad, aunque a partir de los 50 años los síntomas son más acusados. En el caso de los vuelos orientales (donde los días se acortan) los síntomas son mas marcados, ya que el ciclo circadiano se ve reducido a menos de 24 horas. Por el contrario, en vuelos occidentales la severidad de los síntomas es menor ya que el día se alarga y el ciclo circadiano de 24 horas se ve aumentado. SUEÑO RETRASADO Y SUEÑO ADELANTADO La característica principal del sueño retrasado es que la fase de sueño del ritmo circadiana aparece atrasada en relación con el horario normal de acostarse; así, el sujeto cuando se acuesta no se duerme, y al levantarse se encuentra con sueño. Este trastorno es bastante frecuente entre los adolescentes, los cuales durante los fines de semana o las vacaciones se acuestan a altas horas de la madrugada. Cuando regresan a la escuela se van a la cama temprano, pero no consiguen dormir, de forma que al día siguiente tienen problemas para despertarse. Cuando llega el fin de semana vuelven a repetir el mismo horario. En cuanto al sueño adelantado ocurre lo contrario, estos pacientes se levantan pronto por la mañana y se acuestan pronto, puesto que a última hora de la tarde ya se sienten somnolientos.  INSOMNIO POR PAUTA IRREGULAR DEL CICLO SUEÑO-VIGILIA Dentro de esta categoría se incluirían aquellos sujetos que no tienen un horario regular mínimo en cuanto a la hora de acostarse; entre los que cabe destacar los trabajadores por turnos, estudiantes universitarios, etc. que de forma periódica se ven obligados a alterar el ciclo normal de sueño-vigilia. Como consecuencia, se observa una pérdida del rendimiento y del nivel de atención durante el trabajo. Además, se observan algunas alteraciones del sueño, principalmente en la fase MOR y en la fase II del sueño (Buela-Casal 1990b). TRASTORNO DEL SUEÑO RELACIONADO CON UN CICLO DIFERENTE A 24 HORAS Este tipo de personas presentan un ritmo de sueño-vigilia que no sigue las 24 horas habituales, produciéndose una disincronía con el horario habitual del ambiente del sujeto. Cuando el ritmo se acerca a 180 grados de desplazamiento con el ambiente, el sujeto se encontrará muy somnoliento durante el día y muy activado por la noche. Posteriormente de forma gradual, el ritmo se irá sincronizando con el horario estándar, hasta alcanzar la sincronía total y a partir de entonces comienza nuevamente la desincronización (Buela-Casal 1990b). (extraído de Trastornos del sueño / Gualberto Buela-Casal, Ana Isabel Sánchez, 2002)  

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¿Cómo actuar en el medio a la oscuridad?

Muchos niños no tienen que vivir ciertas experiencias atemorizantes, como ser intervenido quirúrgicamente. En cambio, todos se enfrentan a la oscuridad cuando se acuestan a dormir por la noche. La frecuencia diaria de exposición a la oscuridad posibilita adoptar medidas para prevenir la aparición el miedo y facilita la terapia con formato de juego. El dormitorio infantil Cuanto más agradable sea el ambiente donde duerme el niño mayor es la probabilidad de que descanse plácidamente y no aparezcan respuestas emocionales negativas Luz Conciliar el sueño implica pasar del estado de vigilia o alerta al de reposo. Para disminuir el grado de activación se retiran estímulos externos como luminosidad. Si el niño protesta al apagarle la luz se reduce progresivamente la intensidad lumínica mediante un regulador eléctrico o por medio del grado de abertura de la puerta de su habitación. También se puede enchufar un pequeño piloto que esparce una tenue luminosidad o regalar una atractiva linterna para que la tenga encima de la mesilla de noche. Estas ayudas se retiran sin prisa, pero sin pausa. Ruido Ruidos elevados o cambios bruscos de volumen interfieren el sueño. Una persona traspuesta después de cenar en el sofá se despierta en el intermedio de la película cuando la televisión varía el ritmo y la intensidad del sonido para captar la atención del espectador antes de la publicidad. Tampoco es conveniente acostumbrar al niño a dormir en condiciones artificiales de silencio absoluto, de modo que cualquier ruido insignificante le despierte. Por el contrario, sones familiares y débiles tranquilizan al niño que se siente acompañado. Los ruidos monótonos, como el de un programa nocturno de radio o el de un motor de coche a velocidad constante inducen sueño. Las nanas son canciones de ritmo lento y repetitivo como un eterno ritornelo. Condiciones climáticas “Mantas: prendas de abrigo con las que los niños duermen cuando sus padres tienen frío”. El exceso de calor dificulta el sueño. Además, la temperatura corporal infantil suele ser más elevada. Es preferible una única manta ligera, flexible, mullida y que transpire. Una sugerencia práctica es colocar un termómetro visible en el dormitorio lejos del alcance del niño. La temperatura recomendada oscila entre 18º y 20º C y la humedad entre el 40 y el 70%. La habitación debe estar bien ventilada a la hora de acostarse el niño Cunas y camas La seguridad es muy importante. La distancia entre los barrotes de la cuna ha de ser corta para impedir que el niño introduzca la cabeza y se asfixie. No resultan aconsejables camas demasiadas estrechas o altas. Durante la noche un niño puede cambiar de posición unas veinte veces, permaneciendo vigilante si tiene miedo a caerse. Está indicado dormir sobre una superficie dura, en un colchón de calidad, con una almohada que no sea muy gruesa Decoración Colores clares facilitan el sueño, por ejemplo, azul celeste. Los elementos decorativos, papel pintado, cuadros, cortinas, han de referirse a temas infantiles. Si no está contraindicado, como en caso de asma, las alfombras amortiguan el sonido y constituyen un espacio idóneo para el juego. El mobiliario se elige en función de la edad del niño. (extraído de Miedos y temores en la infancia : ayudar a los niños a superarlos / Francisco Xavier Méndez, 2005)    

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Síndrome de Pickwick signos y síntomas

El síndrome de Pickwick es otro de los trastornos de sueño relacionados con la respiración. El trastorno es relativamente raro, existiendo a veces dificultades para diferenciarlo de la apnea del sueño. Los sujetos con síndrome de Pickwick son pacientes muy obesos, somnolientos, hipoventilados y con pulmones y cambios de fuerza respiratorios normales; por su parte, los pacientes con SAOS son obesos y presentan pautas respiratorias durante el sueño como resultado de un colapso en las vías aéreas superiores. Sin embargo, a pesar de sus similitudes, una diferencia importante que se establece entre ambos trastornos es que hay casos con pacientes con SAOS que no son obesos (Chiang, 1990). La sintomatología característica de este síndrome incluye obesidad, somnolencia e hipoventilación. Además, los pacientes afectados por este trastorno presentan otros síntomas entre los que cabe destacar (Chiang,1990): Disminución de la capacidad pulmonar Ventilación desigual Modificación del PH de los gases sanguíneos arteriales A pesar de la importancia de estos síntomas es importante tener en cuenta que el paciente puede recuperar su normalidad si reduce su peso corporal (para una mayor información de este síntoma véase Chiang, 1990). (extraído de Trastornos del sueño / Gualberto Buela-Casal, Ana Isabel Sánchez, 2002)

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